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Estrellas del béisbol: Los Robinsons de la destrucción

Estrellas del béisbol: Los Robinsons de la destrucción

Feb 12, 2019

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Por Héctor Barrios Fernández //

En el béisbol mexicano, coincidieron algunas veces en varios equipos, sobre todo con los Pericos de Puebla, Moi Camacho y Ronnie Camacho, que no tienen parentesco alguno entre ellos, lo que sí tenían o tienen es un enorme talento para el béisbol, lo cual los llevó a obtener un privilegiado lugar entre la élite del béisbol mexicano, fueron conocidos como “los Camacho de la destrucción”.

Left Right
Aunque no tengo noticias de que fueran conocidos así, en las Grandes Ligas llegaron a coincidir con los Orioles de Baltimore los Robinsons, a quienes bien podría llamárseles “los Robinsons de la destrucción”. Aunque Brooks pasó toda su carrera con los “Orioles”, Frank estuvo con varios equipos, primero con los “Rojos” de Cincinnati y después con Baltimore, en donde hizo magnífica mancuerna con el grandioso tercera base.

Frank fue un jugador difícil, agresivo y de un gran talento, el primero en ganar el trofeo de jugador más valioso, tanto en la Liga Nacional como también en la Liga Americana. Además el primer afroamericano en manejar un equipo de Grandes Ligas.

Frank Robinson jugó durante 21 temporadas y tuvo un porcentaje de bateo de .294. Le faltaron 57 hits para alcanzar los 3000 y 14 home runs para los 600. Anotó 1829 carreras e impulsó 1812. Fue un super jardinero y un atrevido corredor de bases, inculcaba miedo entre los jugadores de cuadro con sus barridas en las bases. Tuvo números de doble dígito en nueve temporadas consecutivas, con 26 robos en 1963.

Fue novato del año en 1956, bateando para .290, empujando 83 carreras, y con sus 38 cuadrangulares, empatar para ese entonces, el récord para novatos.

Después de 10 productivos años con Cincinnati, fue cambiado a Baltimore en 1966. Los Rojos explicaron a los indignados aficionados que aunque Frank tenía solamente 30 años de edad, era un “viejo de 30”. Con el tiempo él parecía un joven de 31, ganó la triple corona con los Orioles en 1966, bateando para .316, 49 cuadrangulares y 122 carreras impulsadas. En 1970 bateó dos grand slam en el mismo juego, pero no en el mismo inning y contra el mismo pitcher como Fernando Tatis. Jugó en cinco Series Mundiales, en 1961 con los Rojos, perdiendo contra los Yankees y cuatro con los Orioles, con ellos ganó dos y perdió dos. En ninguna de las cinco bateó sobre los .300, pero bateó al menos un cuadrangular en cada una de ellas, dos en la tercera en que participó.

En 26 juegos de Serie Mundial, anotó 19 carreras y empujó 14, mientras bateaba para promedio de .250. Pero la verdadera valía de Robinson no puede ser medida con estadísticas. En la serie de 1971 contra los Piratas, con el score empatado 2-2, con un out en el décimo inning, recibió base por bolas, llegó a tercera en un sencillo de Merv Rettenmund, venciendo apenas el tiro del jardinero central de Pittsburgh, Vic Davalillo, entonces Brooks Robinson bateó un elevado poco profundo al jardín central, en pisa y corre se lanzó al plato y deslizándose entre las piernas del receptor Manny Sanguillén, por milímetros venció el tiro de Davalillo. Desafortunadamente, para su equipo, al siguiente día los Piratas ganaron el séptimo de la serie pasando sobre los favoritos Orioles.

En 1966, los Orioles barrieron a los Dodgers de Los Angeles en cuatro juegos, Frank bateó dos cuadrangulares en el juego uno, para que el relevista Moe Drabowsky se llevara la victoria. En el cuarto juego volvió a pagar de cuadrangular para la única carrera del juego y que Dave McNally lanzara blanqueada. En la serie de 1970 aunque fue el otro Robinson el que brilló por Baltimore, Frank contribuyó bateando dos batazos de cuatro esquinas, anotando cinco carreras e impulsando cuatro para la victoria de los Orioles en cinco juegos sobre los Rojos de Cincinnati. Una combinación de astucia y fiereza, hicieron que Frank Robinson contribuyera a contrarrestar la negativa barrera racial, por lo que en 1975 los Indios de Cleveland lo nombraron el primer manejador negro en Grandes Ligas. Con los Indios se convirtió en uno de los pocos manejador-jugador en la era moderna del béisbol. Manejó durante 11 temporadas o parte de ellas a Cleveland, San Francisco y Baltimore, pero ninguno de sus equipos finalizó más arriba del segundo lugar.

Fue electo al Salón de la Fama en Cooperstown en 1982. En la Liga Mexicana del Pacífico se le vio manejando a los Tomateros de Culiacán.

BROOKS ROBINSON, LA ASPIRADORA HUMANA

Ahora toca el turno del no menos espectacular Brooks Robinson. Una vez vi jugar a Brooks en Anaheim, con su único equipo en Grandes Ligas, los Orioles de Baltimore. Debió haber sido un juego ordinario, no recuerdo que haya hecho una jugada espectacular. Tuve la fortuna de ver en algunas ocasiones a Graig Nettles, Aurelio Rodríguez, Ken Caminiti, Mike Schmidt, Ron Cey y otros. De algunos de ellos si fui testigo de espectaculares jugadas en tercera base. Dicen que Brooks Robinson fue superior a todos ellos en su juego. Cuando niño quería realizar las jugadas que hacía Robinson en tercera, a lo más que llegué en relación a la tercera base, fue tener una fotografía autografiada por Celerino Sánchez, que por cierto aún conservo y de quien su guante no le pedía mucho a las estrellas antes mencionadas, por algo llegó a jugar con los Yankees de New York.

Pues bien, después de que Brooks Robinson convirtió en un out de rutina por la vía 5-3, lo que parecía ser un seguro doblete por toda la línea del jardín izquierdo, la víctima de esta jugada, Lee May de los Rojos de Cincinnati, a manera de queja dijo que Brooks Robinson era más bien una “aspiradora humana”. Y es que en la Serie Mundial de 1970, Orioles contra Rojos, ante la televisión nacional e internacional, Brooks convirtió cualquier clase de batazos que fueran cerca de él, en simples jugadas rutinarias, muchos estábamos asombrados de lo que veíamos, pero los aficionados de Baltimore estaban acostumbrados a ese tipo de lances. Era pan de cada día.

Los viejos aficionados podrán decir que no ha habido otro como Pie Traynor, los menos viejos dirán que Mike Schmidt era espectacular, los mexicanos argumentaremos que Leo, Aurelio o Celerino se las comían ardiendo, pero la mayoría de los expertos declara inequívocamente que nunca ha habido un tercera base que se compare con Brooks Robinson.

Las crudas estadísticas pueden escasamente capturar la magia de este hombre que más bien parecería una muralla.

Robinson tuvo el mejor porcentaje de fildeo para un tercera base (.971), oportunidades defensivas en tercera base (9 165), más que cualquier otro, tuvo 6 205 asistencias,

1 175 más que Mike Schmidt, 2 697 puestos out, 409 más que Traynor.

Brooks Robinson también es líder de todos los terceras bases en dobles plays con 618. Fue líder en la Liga Americana en fildeo 11 veces, en asistencias 8 veces, ambas son récords para un tercera base, ganó 16 guantes de oro. No fue un corredor rápido, pero tuvo una rápida reacción y una gran anticipación a las jugadas. Conocía a cada bateador y los retaba a batear por donde él estaba, jugándoles poco profundo. Tuvo un fuerte y preciso brazo, además de que se deshacía muy rápido de la pelota y una excelente coordinación ojo-mano.

Con el bat se defendía bastante bien. Fue el jugador más valioso de la Liga Americana en 1964, cuando bateó para .317, con 28 cuadrangulares y fue líder en la liga con 118 carreras impulsadas. En la Serie Mundial de 1970, además de cautivar con su fildeo acrobático, bateó para .429 con un par de home runs y seis carreras impulsadas.

Al siguiente año cuando los Piratas vencieron a los Orioles 4 juegos a 3 en la Serie Mundial, Brooks Robinson bateó para .318 con cinco carreras impulsadas en una causa perdida. Bateó más de 20 home runs en 6 de sus 23 años de carrera y finalizó con 268 batazos de cuatro esquinas, así como 1 357 carreras producidas. Aunque su porcentaje de bateo fue de .267, fue su fenomenal trabajo con el guante, lo que lo llevó al Salón de la Fama en 1983.

Robinson fue como muchos otros peloteros, un poco supersticioso. Después de la inesperada derrota contra los Mets de New York en 1969, a principios de la temporada de 1970, él amarró una etiqueta a su maleta de equipaje en la cual se leía, “Brooks Robinson, campeones mundiales 1970”. Después, con la valiosa contribución de los Robinsons, (Frank y Brooks) los Orioles llegaron a ser justamente eso, “campeones mundiales’.

Directivos del Salón de la Fama en Cooperstown, le solicitaron a Brooks la donación de su maravilloso guante para su exhibición después de la victoria en esa serie, pero Robinson los puso en constante preocupación al decirles “¿Y si hay más milagros dentro de este guante?”, por lo que se quedó con él un año más antes de donarlo.

Brooks Robinson no solamente fue un gran jugador, fue un gran narrador de juegos, un verdadero caballero, un hombre perspicaz, cooperativo y dueño de un muy buen humor.

El lleno más grande en la historia del Memorial Stadium, 51 798 aficionados, asistieron al “día de Brooks Robinson”, el 18 de septiembre de 1977, para honrar el retiro del hombre de 40 años de edad.

Recordando su año de novato en 1955, Brooks dijo a la multitud, “Nunca en mis sueños pensé que 23 años después, estaría parado justo aquí diciendo adiós a tanta gente. No creo que querría cambiar un solo día”.

Aunque Lee May y algunos otros, víctimas de su excelente fildeo, querrían cambiar algunos.

Espero sus amables comentarios en: info@beisboldelosbarrios.com


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